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Archive for the ‘Lugares especiales’ Category

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Han sido sólo cinco días en el campo en la Sierra de Sao Mamede en Portugal (Póvoa e Meadas – Castelo de Vide) y me han bastado para, además de recargar pilas, ser consciente de que soy en gran medida cada vez más como mis padres, como mi padre. Sólo algunos días acompañada, disfruté de mi tiempo en soledad y de ese espacio en el cielo, entre paseos y lecturas.

Copio algo que no quiero olvidar y me ha gustado leer:
…La fraga* es un ser hecho de muchos seres. (¿No son también seres nuestras células?) Esa vaga emoción, ese afán de volver la cabeza, esa tentación –tantas veces obedecida – de detenernos a escuchar no sabemos qué, cuando cruzamos entre su luz verdosa, nacen de que el alma de la fraga nos ha envuelto y roza nuestra alma, tan suave, tan levemente como el humo puede rozar el aire al subir, y lo que en nosotros hay de primitivo, de ligado a una vida ancestral olvidada, lo que hay de animal encorvado, lo que hay de raíz de árbol, lo que hay de rama y de flor y de fruto, y de araña que acecha y de insecto que escapa del monstruoso enemigo tropezando en la tierra, lo que hay de tierra misma, tan viejo, tan oculto, se remueve y se asoma porque oye un idioma que él habló alguna vez y siente que es la llamada de lo fraterno, de una esencia común a todas las vidas.
-¡Espera! –nos pide –. ¡Déjame escuchar aún, y entenderé! …

* W. Fernández Flórez define la fraga: “bosque inculto, entregado a sí mismo, en el que se mezclan variadas especies de árboles”

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Ha sido sólo una semana, pero una semana llena de sensaciones fuertes acompañada de mi amigo Eduardo. Y ello por muchos y variados motivos. La expectativa de alcanzar un sueño fraguado con documentales sobre la ruta de la seda en los años 80 mermó al llegar y descubrir la actual Samarcanda. Lejos ya del bullicio que tuvo que reinar en sus años de esplendor, permanecen especialmente sus gentes, torre de babel, amables y  hospitalarias y, por otro, algunos escasos testigos de la época de Tamerlan como la bella Plaza de Rejistan. Hoy en día, fuertemente marcada por la impronta soviética, aparece dominada por fuertes contradicciones entre la curiosidad y el deseo de modernización de sus jóvenes y las imposiciones de un estado que limitan su apertura al exterior y las libertades de sus  gentes.

Triste la ausencia de huellas de Omar Jayam a su paso por Samarcanda.

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Hoy he visto en la marisma del Guadalquivir, cerca del centro Valvede, un grupo de flamencos. Dos de ellos han alzado el vuelo y los he visto volar pegados al agua, aleteando cadenciosos sus alas, mientras mi coche rodaba casi a su misma velocidad. Han sido unos segundos sublimes en los que no he podido dejar de pensar, como no, en mi padre quien sabía disfrutar como nadie de esos pequeños momentos y de esas pequeñas cosas.

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Esta vista del puerto de Cartagena desde el monte San Julian le encantaba a mi padre a pesar del viento que hacía siempre allí arriba.

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Lo he visto en la página de Facebook de Mateo. Gracias por el detalle.

La imagen muestra unas pinturas rupestres de la cueva de La Laja en Jimena de la Frontera en la que aparecen, sorprendentemente, escenas de barcos lo que hace pensar que desde allí, alguna vez, se vió el mar. Mi padre y el de mi hija Lucía, hablaron de ellas muchas veces.

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Hoy he leido en El País sobre esto y no he podido evitar buscar más información. ¿podré ir algún día?

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Reflexionaba el domingo en la playa sobre las razones por las que el verano de 2008 se hubiera convertido para mí en un uno de los mejores de los últimos años. Y, sin embargo, lo pasé entero en Sevilla, recién mudada a calle Relator. No fui a ningún sitio de vacaciones, más allá de la Alameda, y no hice nada especial, salvo descansar, amueblar una casa nueva y compartir las noches con mis amigos en las terrazas del Centro. Lo especial, lo singular y lo que significó para mi tanto fueron las circunstancias y las emociones derivadas de aquella mudanza.
Simplemente me propuse en esos momentos que el pasado no me encadenara y así vivir muy especialmente ese presente. Y así lo hice: la primera vez que tenía una casa comprada por mi y para mi y mi hija; la recuperación del contacto con mis amigos; los buenos libros a la hora de la siesta;  la relajación que supuso descansar del ajetreo cuidando a mis padres el invierno anterior; la sensación de que empezaba para mi una nueva época y de que sólo de mi dependía cómo transcurriera y el entretenimiento y el placer de amueblar y decorar una casar paralelamente a cómo lo hacía con mi vida. Todo junto supuso para mi una gran y poderosa experiencia que en definitiva me ayudó y me compensó de todos los amargos momentos vividos durante los años anteriores. Efectivamente, ¡no hay mal que por bien no venga!

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