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Archive for 30 marzo 2008

Hace ya varias semanas pude disfrutar de una entrevista realizada en El País Semanal a Jorge Olcina, un profesor de la Universidad de Alicante apasionado de la Geografía. Para los que no lo conozcan se trata de un catedrático joven, con un blog actualizado  -cuenta la periodista- y con unas ideas que me parecieron además de muy sensatas, muy interesantes. A la pregunta de ésta sobre cual serían a su parecer los dos elementos vitales a aplicar en la desastrosa ordenación del territorio español, él respondió que, en primer lugar, era imprescindible un conocimiento preciso del medio físico y, en segundo lugar, la participación ciudadana. Y es que Jorge Olcina sostiene que hasta ahora la ordenación del territorio se ha hecho desde arriba, sin contar con la ciudadanía y eso es para él un error, especialmente en un momento, y esto fue lo que me pareció más interesante, en el que contamos con muchos y variados medios de comunicación. Él que  mantiene un blog es consciente del potencial que tiene internet para los ciudadanos como herramienta de difusión de opiniones. 

Sin llegar como él dice a aprobar los planes urbanísticos por referéndum, sería muy interesante que la opinión de los ciudadanos, transmitida a través de la prensa escrita o internet, fuera tenida en cuenta por los gestores municipales. Si esto hubiera sido así hace unos años, no tendríamos que estar sufriendo en la actualidad las consecuencias de actuaciones que desbordan la racionalidad territorial. Sin embargo la realidad parece ser otra, pues muy a nuestro pesar, los habitantes del Aljarafe sevillano hemos sido poco o nada tenidos en cuenta, a pesar de haber mostrado reiteradamente y por varios medios nuestra repulsa a algunos de los planes urbanísticos de esta comarca sevillana. trafic.jpg 

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He sobrevolado la zona a mi regreso de Samarkanda y se me han caido dos lagrimones! (04/05/2011)

Dicen que en Muinak (Uzbekistán) repintan cada año los letreros que dan la bienvenida al mar de Aral y sin embargo éstos quedan ya muy lejos de la escasa costa que sobrevive del Mar Aral.

Es Muniak un distrito poblado por 28.000 habitantes y es además una localidad deprimida. Las barcazas que un día faenaban en el mar son hoy cadáveres de chatarra y símbolos de una gran tragedia medioambiental de la que hay que culpar a una mala planificación de trasvases de agua para cultivos. Y es que hoy, esta importante ciudad portuaria se encuentra a ¡¡ 120 km !! de la actual costa del Aral.

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Hace tiempo leí en un suplemento dominical un reportaje sobre la estación de Canfranc en el Pirineo de Huesca. Su historia y las imágenes de decadencia que mostraba el artículo me produjeron una honda impresión. No era difícil, las estaciones de trenes me han fascinado siempre. Así que no dudé en organizar una escapada a Huesca durante mis siguientes vacaciones de ese mismo año.

Llegamos temprano. Fue un momento especial cuando la vi: allí estaba, elegante, semiabandonada, decadente, exhibiendo toda su grandeza, evocando en mi, conforme la recorría, el ir y venir de personas, de historias y mercancías… Distintas sensaciones que se fueron filtrando bajo mi piel a través de todos mis sentidos. Aunque la cambien, ya nada podrá borrar su imagen de mis retinas. Me enamoró y me cautivó para siempre. 

“La estación se acabó en el año 1925 pero no se inauguró hasta 1928, con la asistencia del Rey Alfonso XIII, G. Doumergue, el general Primo de Rivera y el Presidente de la República Francesa. La magnífica estación, de estilo modernista y aire palaciego, era entonces la mayor de España y la segunda de Europa. Su majestuosa arquitectura, fue imitada en algunas estaciones como la de Atocha en Madrid. En su interior albergaba un hotel de lujo, casino, agencia de aduanas, una oficina del Banco de España, cantina y enfermería. Una enorme estación que contaba con 240 metros de longitud, 75 puertas a cada lado, tres alturas, letreros bilingües y vías con el ancho europeo a un lado y con la anchura española al otro. En la misma estación se podía ver la parte francesa y la española tan sólo separadas por unos metros y la aduana. Dado que el edificio quedaba aislado por las vías y andenes, se optó por un paso subterráneo de acceso a la estación. Y como curiosidad, la estructura del edificio se realizó de hormigón armado, material de gran novedad por aquellos años. Ocho años después de su inauguración, se cerró por la Guerra Civil. En 1940 se reabrió y fue testigo del paso de los trenes suizos en que los nazis transportaban el oro de los judíos hacia Madrid o Lisboa. Con él nos pagaban el wolframio que les vendíamos. Durante la segunda guerra mundial el ambiente era muy tenso allí ya que las SS vigilaban y detenían a aquellos que pillaban pasando a judíos. Y todo esto ocurría en un precioso escenario decorado tipo Art Decó, con grandes escalinatas de madera y columnas enyesadas con diversos adornos. La estación fue un eje de comunicaciones relativamente importante, por allí pasaron peregrinos hacia Lourdes, mercancías de todo tipo, cítricos con destino a Europa, deportistas… pero la rotura del puente francés de L´Estanguet en 1970, tuvo como consecuencia el cierre del paso internacional, y el deterioro progresivo de la estación.”

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Fue una trágica historia de supervivencia. El buque, un velero de tres palos y 30 metros, al mando del capitán Pollard partió de Nantucket el 12 de agosto de 1819. Era su primer viaje como capitán de una barco, cuyos 14 marineros eran también novatos. Sólo cuatro días después de zarpar una tormenta dañó seriamente el barco y el capitán hubiera regresado si dos de sus oficiales, Chase y Joy, no le hubieran convencido de seguir hasta la Azores para reparar allí el barco. 

De las Azores pusieron rumbo al Pacífico y a 1.500 millas de las Galápagos una ballena del mismo tamaño del barco lo embistió y lo destrozó. Los náufragos cargaron tres botes con provisiones y se pusieron en manos de la fortuna. Pollard ordenó poner rumbo hacia las Islas Marquesas, a unas 1.200 millas dirección oeste, pero sus oficiales otra vez le convencieron, argumentando que había antivos antropófagos, de cambiar hacia el sur para buscar vientos que les llevaran a la costa suramericana.

El 20 de diciembre llegaron a la isla Henderson donde apenas pudieron sobrevivir unas semanas. Decidieron partir, salvo tras marineros que se quedaron,  pero una tormenta terminó separando los botes. Tardaron tres meses en llegar a su destino pero en la larga travesía se agotaron las provisiones y empezaron a morir de hambre los primeros marineros y a ser comidos por sus compañeros. La carne los alimentó bien y cesaron las muertes. Entonces fue necesario matar y lo echaron a suerte.

Dos de los botes, el de polard y el de Chase, fueron rescatados  a finales de febrero, tras recorrer 5.000 millas. El otro se perdió. Los tres náufragos de la isla Henderson fueron hallados con vida.

Pollard volvió a embarcarse y volvió a naufragar. Nadie más quiso contratarle y trabajó el resto de su vida como vigilante nocturno de un almacén. Dicen que fue feliz. El oficial Chase se convirtió en un exitoso capitán pero acabó enloqueciendo, encerrado en su casa y acumulando alimentos en un desván.

El canibalismo del Essex , con sus siete cadáveres comidos, fascinó y horrorizó a la sociedad de la época. Herman Melvilla escuchó como tripulante del ballenero Acushnet el relato del Essex y la ballena asesina. En 1851 escribió Moby Dick.

El grumete Nickerson escribió un detallado relato de la aventura pero el texto se perdió durante un siglo. Un historiador de Nantucket lo recuperó en 1980. Gracias e este y otros testimonios Nathaniel philbrick publicó hace ocho años un relato de aquella terrible aventura In the Herat of the sea, the tragedy of the whaleship Essex.

 

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Libros y puentes

puente.jpgMe ha gustado la comparación que hace Andrés Trapiello en el dominical de “El Pais” de este fin de semana pasado. Para él un libro es “también un puente entre el pasado y el futuro, transitado por anónimos lectores y conservado en el mejor conservante: el polvo de una Biblioteca”. Titula su artículo “Puentes que no acaban” y define muy gráficamente el concepto de puente como apoyo-obstáculo-apoyo. Reconozco que siempre me gustaron mucho y hoy agradezaco a Trapiello haber disfrutado de ellos otra vez.

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