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Archive for 29 enero 2010

Es imperdonable que la naturaleza nos hable y nosotros, seres dotados de inteligencia, no sepamos escucharla. Y triste.
Este domingo pasado con mis compañeros de Pinsapaso puse todos mis sentidos en escuchar y, especialmente, en sentir, pues el lugar donde nos llevaron lo merecía. Y todo mi respeto.
¿Conocéis la cañada de Cueva Oscura?… Pues es simplemente un sitio mágico que, por otro lado, no tiene nada de simple. Os cuento:
Para llegar allí, y de forma resumida, tomamos en Ronda la carretera de S. Pedro de Alcántara, nos desviamos poco después por un carril que llevaba hasta el cortijo de los Quejigales y luego continuamos por varios caminos y veredas casi inexistentes hasta llegar a la cañada, que conseguimos subir, con una fuerte pendiente, cada uno a nuestro ritmo.
La niebla, que se cerraba y abría continuamente, nos dejó disfrutar en las paradas para tomar aire, de un bosque de pinsapos realmente sublime y casi estremecedor: el verde intenso de las ramas, la madera oscurecida por la humedad y retorcida por los años y un suelo de bosque virgen lleno de madera y hojas, quedaba envuelto delante de nuestros ojos en una tenue niebla, espesa a veces, por la que la luz del mediodía apenas conseguía entrar. Escuchando el silencio y, de vez en cuando el ruido de algún pájaro, podíamos percibir la vida que, por otro lado, notábamos a través de todos nuestros sentidos. En ese bosque de pinsapos, el domingo pasado, sin embargo las palabras no tenían sentido. Cómo describirlo! Lo mejor fue sentirlo y me quedé con ganas de más. Sin embargo había que continuar.
La niebla nos obligó a tomar dirección Sureste hacia la cañada de lsa Ánimas, hasta alcanzar, al cabo de un par de kilómetros, el pozo de nieve a 1.730 m en el collado entre Cerro Alto y Los Pilones. El paisaje cambió entonces hacia un ecosistema de media-alta montaña con vegetación piornal-sabinal, con quejigos de la subespecie de la sierra de las Nieves desperdigados, más o menos, entre los roquedos y nuevas replantaciones.
Pasado el puerto de los Pilones, fuimos siguiendo la vereda que baja por la cañada del Cuerno hasta llegar finalmente al cortijo de los Quejigales.
Para terminar, como siempre, paramos en Ronda para disfrutar de una merienda con vela de cumpleaños que me tocó soplar a mi. La tarta fue un detalle de mis compañeros a los que agradezco también que compartieran conmigo la subida por la cañada de Cueva Oscura. Realmente ese bosque de pinsapos fue el mejor de los regalos.

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Pasamos un buen rato con Eduardo Mendoza en la Biblioteca Pública Infanta Elena el martes. Yo, mi amiga Lola y todos los que allí nos concentramos para escucharlo hablar de su último libro. Brilló por su entrega, naturalidad y humor ganándonos a todos y haciendo que el tiempo que pasamos nos supiera a poco. Ah!… y el espacio estupendo: en mitad de la sala, con la Biblioteca abierta y las mesas repletas de gente estudiando y leyendo. Personas que no tardaron mucho en girar sus sillas o  incorporarse a la reunión aguantando de pie toda la entrevista.

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