Hoy he visto en la marisma del Guadalquivir, cerca del centro Valvede, un grupo de flamencos. Dos de ellos han alzado el vuelo y los he visto volar pegados al agua, aleteando cadenciosos sus alas, mientras mi coche rodaba casi a su misma velocidad. Han sido unos segundos sublimes en los que no he podido dejar de pensar, como no, en mi padre quien sabía disfrutar como nadie de esos pequeños momentos y de esas pequeñas cosas.
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