Hace tiempo leí en un suplemento dominical un reportaje sobre la estación de Canfranc en el Pirineo de Huesca. Su historia y las imágenes de decadencia que mostraba el artículo me produjeron una honda impresión. No era difícil, las estaciones de trenes me han fascinado siempre. Así que no dudé en organizar una escapada a Huesca durante mis siguientes vacaciones de ese mismo año.
Llegamos temprano. Fue un momento especial cuando la vi: allí estaba, elegante, semiabandonada, decadente, exhibiendo toda su grandeza, evocando en mi, conforme la recorría, el ir y venir de personas, de historias y mercancías… Distintas sensaciones que se fueron filtrando bajo mi piel a través de todos mis sentidos. Aunque la cambien, ya nada podrá borrar su imagen de mis retinas. Me enamoró y me cautivó para siempre.
“La estación se acabó en el año 1925 pero no se inauguró hasta 1928, con la asistencia del Rey Alfonso XIII, G. Doumergue, el general Primo de Rivera y el Presidente de la República Francesa. La magnífica estación, de estilo modernista y aire palaciego, era entonces la mayor de España y la segunda de Europa. Su majestuosa arquitectura, fue imitada en algunas estaciones como la de Atocha en Madrid. En su interior albergaba un hotel de lujo, casino, agencia de aduanas, una oficina del Banco de España, cantina y enfermería. Una enorme estación que contaba con 240 metros de longitud, 75 puertas a cada lado, tres alturas, letreros bilingües y vías con el ancho europeo a un lado y con la anchura española al otro. En la misma estación se podía ver la parte francesa y la española tan sólo separadas por unos metros y la aduana. Dado que el edificio quedaba aislado por las vías y andenes, se optó por un paso subterráneo de acceso a la estación. Y como curiosidad, la estructura del edificio se realizó de hormigón armado, material de gran novedad por aquellos años. Ocho años después de su inauguración, se cerró por la Guerra Civil. En 1940 se reabrió y fue testigo del paso de los trenes suizos en que los nazis transportaban el oro de los judíos hacia Madrid o Lisboa. Con él nos pagaban el wolframio que les vendíamos. Durante la segunda guerra mundial el ambiente era muy tenso allí ya que las SS vigilaban y detenían a aquellos que pillaban pasando a judíos. Y todo esto ocurría en un precioso escenario decorado tipo Art Decó, con grandes escalinatas de madera y columnas enyesadas con diversos adornos. La estación fue un eje de comunicaciones relativamente importante, por allí pasaron peregrinos hacia Lourdes, mercancías de todo tipo, cítricos con destino a Europa, deportistas… pero la rotura del puente francés de L´Estanguet en 1970, tuvo como consecuencia el cierre del paso internacional, y el deterioro progresivo de la estación.”

