Hace años vi en Sevilla “La casa Rusia” con Sean Connery y Michelle Pfeiffer. Si hay algo que me gustó de esa película fueron las maravillosas imágenes de Lisboa y el romanticismo que evocaban.
Hoy me da pena el recuerdo que tengo de mi última visita a Lisboa. Mis sentimientos son encontrados pues si bien por un lado me engancha y me seduce su espíritu decadente, me asusta su deterioro actual y la progresiva degradación de la ciudad. La sensación de impotencia de muchos de sus habitantes, y también de muchos viajeros embebidos de su belleza como yo misma, debe ser enorme tras saber que su alcalde ha sido reelegido, cuando fue durante su último mandato cuando dicha degradación avanzó inexorablemente.
No os perdáis este vídeo de la Universidad de Arizona. Esta mañana mi compañera Nieves me hablaba de la visión que transmite. Y no es sólo eso, excelente, muy práctica, comprometida, que trabaja por aportar soluciones a problemas reales de la sociedad, … sino que además, construye el mensaje de una manera muy eficaz, con una estructura narrativa sencilla pero muy cuidada, sin grandes artilugios visuales pero muy 2.0. Nos engancha y lo vemos hasta que termina, a pesar de durar algo más de cuatro minutos. Al final nos llega un mensaje claro: ASUF es una universidad de nuestro tiempo.
Dicen por ahí, en más de un sitio lo he leído, que “lo que no se mide no se gestiona”. Pues bien, en esa tarea llevamos ya algunos años trabajando en mi Biblioteca. Nuestra memoria recoge anualmente los resultados de los objetivos operacionales emanados de las líneas estratégicas que guían nuestra institución y que son medidos mediante indicadores que nos han permitido constatar el progreso hacia los objetivos establecidos, e incluso, compararnos con otras instituciones semejantes.
En estos momentos precisamente estudiamos la forma de mejorar dicho seguimiento mediante la aplicación del “Balanced Scorecard” (Cuadro de Mando Integral), que, según parece por lo que llevo estudiado sobre el tema, es uno de los métodos más completos para medir la actividad de una empresa.
Hoy, tras leerme la prensa del domingo, no quiero dejar sin anotar dos ideas que he encontrado en ella y una en la que pensé el otro día y no deseo perder. Las tres me han hecho plantearme si nuestras estadísticas nos están dando señales correctas sobre nuestro progreso y sobre qué debemos hacer.
- Hoy he leído que solemos medir la producción simplemente por las inversiones. Ponía el autor del artículo, J. Stiglitz, el ejemplo de EEUU que gasta más en atención sanitaria que cualquier otro país pero con resultados negativos. Y esto, precisamente lo vivo en mi Biblioteca.
- He leído también en el mismo artículo que el promedio de algo no es siempre un reflejo fiel de la realidad. El hecho de que la media en nuestra Biblioteca en cualquier tema tienda al alza no quiere decir que eso refleje la realidad de la mayoría de nuestros puntos de servicio.
- Finalmente no quiero olvidar la reflexión de hace algunos días cuando pensaba que la naturaleza o el comportamiento de cualquier proceso, gestión, recurso, puede ser variado o alterado por nosotros de una manera objetiva o subjetiva cuando decidimos simplemente comenzar a medir.
Tendremos que tener todo esto en cuenta, además de muchas otras cosas, si queremos realizar en la Biblioteca un buen trabajo de evaluación. Menuda tarea! cómo decía el amigo japonés de A. Nothomb
Cuando era pequeña tenía un mapa con un circuito eléctrico oculto para aprender las capitales de Europa. Pues bien, la primera que me aprendí fue Reykiavik. Entonces ya soñaba con ir allí cuando fuera mayor. Este año, pasados ya bastante desde aquello, lo he hecho.
… para Conso, Lidia y Magnus ¡Gracias! (Islandia, una semana de julio de 2009)
“… alcanzamos finalmente la cresta sobre el principal anfiteatro de Öskuvatn, un profundo lago en un cráter en forma de pera, de tres kilómetros de diámetro. Algunas planchas de hielo flotaban a la deriva en el agua; pero, por lo demás, su superficie era imperturbable.
Nos quedamos allí plantados sin decir una palabra. ¿Qué palabras harían justicia a semejante belleza inanimada, inhumana, insondable? A la otra orilla del lago brillaba una solitaria mole de cuarzo blanca como la mujer de Lot. Las nubes se alzaban luminosas como dorados dirigibles hinchados. Inspiré el oxígeno más puro que había probado en mi vida, inspiré más y más y, lentamente, un sentimiento de antigua calma traspasó las defensas de mi organismo. Más oxígeno; más nubes; más lago hermético. Estaba fundiéndome con el mundo; no, no me estaban haciendo Uno con el mundo; era físicamente imposible. Pero me estaba haciendo Dos con él, y cada uno de los dos estaba en excelentes condiciones con el otro mientras observábamos nuestras repentinas identidades.”
Mis compañeros de Pinsapaso regresan hoy de Sierra Nevada. ¡Va por ellos!
Jesús Ruiz Mantilla entrevistaba a Álvaro Pombo. Le decía que sabía que Pombo rezaba por Obama y que era lo mejor que podíamos hacer por él. Es más añadía el periodista que eso estaba muy bien porque “en la era Bush de lo único que nos entraban ganas era de blasfemar” El escritor contestó que si bien esto lo había dicho Lula, a él también le pasaba.
Lo que comenta Ruiz Mantilla sobre la era de Bush es totalmente cierto, pero hay algo que me llama la atención y es que últimamente he leido en prensa, he escuchado en conversaciones al paso, nombrar a Obama como “San Obama”. Esto ya me parece curioso, sorprendente…
Me pregunto… ¿estaremos ante un nuevo lider religioso?
Estoy conforme con el artículo de Marcos Ros-Martín ¡Qué paren las rotativas! publicado en el blog El Documentalista Enredado y con su conclusión final cuando dice que “los periodistas no desaparecerán, ni sus empresas editoras, ni los medios sólo el soporte a la hora de transmitir el mensaje”.
Lo que puede ocurrir, en mi opinión, es que el medio impreso y el papel convivan tanto tiempo como público haya para la versión en papel. Es decir varias generaciones, teniendo en cuenta la influencia que en los hábitos de lectura de los jóvenes está ejerciendo la prensa gratuita en papel.
Durante los últimos días estamos asistiendo a un fuerte debate sobre el futuro de la prensa. El dilema está en que los periódicos sienten que deben estar en Internet pero, por otro lado, ni pueden ni quieren hacerlo gratis, por problemas obvios de márgenes de beneficio. En este sentido me resulto muy bueno e ilustrador el artículo publicado este domingo pasado en El País titulado El momento crucial: el futuro de la prensa. Os lo recomiendo.
Veréis. A la conclusión que yo llegué tras leer este magnífico artículo fue que es inútil intentar predecir el futuro de la prensa escrita a largo plazo, pero si que es posible aventurar lo que a corto plazo puede suceder. Y más fácil. Creo que a corto plazo sólo sobrevivirán aquellos diarios que ofrezcan a sus lectores soluciones distintas para necesidades distintas. Es decir, los que ofrezcan una oferta diversificada: prensa escrita gratuita diaria para un público joven que quiere inmediatez y leer poco, prensa escrita los domingos para aquéllos que sólo compran ese día, edición digital para los acostumbrados a repasar la prensa antes de comenzar la jornada, formatos electrónico para los que quieren participar con su opinión, versiones para pda y móvil para los que quieren estar informados en cada momento y no sólo por la mañana, etc… Será importante la imaginación y saber aprovechar las ventajas y posibilidades, muy distintas, que cada soporte ofrece. En realidad, si lo pensamos bien, nunca ha habido tantas posibilidades para hacer periodismo.
Luego, poco a poco, la evolución del mercado irá determinando dónde crecer y donde retirarse.
Este domingo pasado salí al campo con mis compañeros de Pinsapaso. La ruta que seguimos fue acompañada todo el rato de una lluvia, que si no fuerte, se mantuvo constante toda la mañana. Ya, bastante mojados, y muy a nuestro pesar, decidimos parar y regresar.
¡Tendríais que haber visto el paisaje bajo la lluvia!. Los verdes mojados y relucientes, el cielo tapado con las nubes grises, el olor a bosque húmedo y una atmósfera que tamizaba y envolvía todo el espectáculo que teníamos delante.
Hoy ya es el segundo día que estoy en cama con fiebre. Supongo que ha sido un enfriamiento por eso de llevar todo el día los pies mojados. Sin embargo, después de dos días encerrada en casa, con tiempo de sobra para pensar y dándole vueltas a mis problemas, soy más consciente de las razones que me impulsan a salir todos los fines de semana al campo.
Es algo muy especial. En el campo o en la montaña soy, o intento ser, parte del paisaje. Mientras camino, contemplo el campo y todo lo que es parte de él. Su grandeza me rodea y yo me siento su elemento más pequeño. Estando allí dejo atrás todo, problemas y personas, trabajo y ocupaciones, tensiones y cansancio, y me entrego, serenamente, a contemplar la vida y la soledad, sintiéndome parte de ella. Sin ruidos, sin distracciones… con otro tempo. Menos mal que lo tengo a él! Me relaja, me alegra el corazón, me llena… y me hace sonreír el lunes siguiente, otra vez en mi mesa de trabajo, cuando su imagen viene a mi memoria.
Para mis amigos de Pinsapaso que tan bien me acogieron, ¡Gracias!
Yo lo he descubierto hace unos días leyendo un artículo y su figura me ha fascinado. Resulta que es ni más ni menos que el autor de “El tesoro de Sierra Madre”, es decir, un escritor. Sin embargo Traven fue mucho más que eso, además de muchas y variadas profesiones fue un aventurero rodeado de misterio que trató por todos los medios de mantener su vida y andanzas en secreto. Escondido de su público.
Según algunas investigaciones fue un líder intelectual de la República de Consejos Bávara de Obreros, Soldados y Campesonos de Münich, creada poco después de la I Guerra Mundial. Condenado a muerte, huyó de Alemania. Después de muchas andanzas murió en México y su última voluntas fue que sus cenizas fueran esparcidas por la selva de Chiapas:
“En cuanto sienta que se aproxima mi fin, me refugiaré como una bestia en la maleza más tupida, donde nadie pueda seguirme. Ahí esperaré la sabiduría infinita con gran devoción y reverencia y volveré, en paz y con tranquilidad, a la gran unidad de la que surgí al nacer. Daré las gracias a los dioses si tienen a bien saciar con mi cadáver el hambre de zopilotes famélicos y perros abandonados, para que no quede ni un huesito blanco”
Ayer fui durante un rato un pájaro. Contemplé desde un pico de Málaga de 1.400 metros de altura un paisaje que abarcaba una brumosa África, el Peñón de Gibraltar y toda la costa que va desde Manilva a Marvella. Y no sólo eso, pues a nuestra espalda podíamos contemplar parte del valle del Genal que habíamos recorrido momentos antes para llegar hasta donde estábamos.
Al lugar, Los Reales de Sierra Bermeja, llegamos José Luis, Isabel y yo desde Sevilla, ya un poco entrada la mañana. Serían las 12:20 cuando empezamos a subir por un sendero pedregoso que transcurrió tranquilamente entre pinos y pinsapos. Me extranó que en todo el camino no viéramos ni un solo pájaro y me sorprendió la vegetación tan distinta a la que suelo encontrar por otras zonas de la sierra norte de Sevilla. De hecho, lo único que recuerdo que reconocí fue aulaga, brezo, romero y la coscoja.
Llegamos a la cumbre a eso de las 14 h y entonces la sorpresa fue la luz y el paisaje. José Luis e Isabel se movían a mi alrededor haciendo fotos y yo no podía apartar la vista de lo que tenía enfrente: África y los mejores años de mi vida, el deseado Peñón y la maravillosa y estropeada costa de Málaga y todo envuelto en la luz violeta y gris que emanaba de las nubes y la montaña (según me dijeron peridotita). Sólo abajo, en las playas, el sol entraba colándose entre las nubes. Detrás podíamos intuir las nubes descargando agua sobre algunas sierras de las que ahora no recuerdo su nombre.
Bajamos luego un poco para buscar un sitio para comer al reguardo de un viento muy frío para el que, yo al menos, no me había preparado. Antes ya de sentarnos, una lagartija que buscaba el calor de una roca impidió a Isabel hacerse una foto en el lugar donde debía estar, según parece, un busto del Charles Boissier, botánico suizo descubridor del pinsapar.
La lagartija se fue y nosotros también hacia un mirador desde donde iniciamos la bajada por una pista de tierra hasta llegar al coche. De vuelta a Sevilla se cumplió el pronóstico y llovió ligeramente. Una breve parada para un café, con dulces por supuesto, y a las 20:30 en Sevilla tal como Jose Luis había dicho.